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miércoles, 18 de mayo de 2016

Testimonio del disco Viviendo de ti



Pasó algo extraordinario. No tenía ni un peso, y un puñado de veinte o treinta cantos de alabanza se fueron gestando hasta quedar las nueve canciones del disco que ahora tenemos en nuestras manos: Viviendo de ti. Todo pasó poco a poco, hablo de un período de entre cinco y seis años a partir de que nos propusimos grabar un disco para servir a Dios a través de la música. 

     Yo no pude haber pagado algo como eso, si hubiera sido así por honestidad lo diría pero ¡no pague un centavo! fue Dios, el lo hizo todo y sé que fue con un propósito, aunque en mi corazón a veces ataca la duda, pero no importa, porque me lleno de felicidad cuando echo por la borda todos mis razonamientos los cuales pretenden explicar las cosas maravillosas que Dios realiza en nuestra vida, pero al ver lo bueno que Dios ha sido conmigo y con mi familia (y sé que también lo ha sido contigo) deshecho mis frustraciones y encuentro un sentido verdadero que quizás no está al alcance de mi entendimiento pero sí al alcance del gozo de mi familia y el mío, eso me basta, me contento con eso, con saber que Dios nos ha dado a mi familia y a mí, unidos, el privilegio de servirle. 

     Es hora de despertar, que el mundo es muy grande y siempre habrá alguien que necesita saber del amor de Dios a través de nosotros. 

     ¡Maravilloso eres Señor Jesús, no teníamos nada y tú has provisto todo! ¡Alabado sea tu nombre!

Escríbenos, estamos a tus órdenes:





El texto Bíblico ha sido tomado de la versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en 
América Latina © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.




Derechos Reservados ©
Erik Orlando Torres Zavala
Barcelona 421 Col. Hacienda San Marcos
Juárez N.L. México
2016

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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Dios cuida de sus hijos

Hace algunos días salí de mi casa rumbo a nuestra iglesia ya que íbamos a tener nuestra consabida reunión mensual de varones. Ya era de dominio público la noticia de que andaba rondando por la región una tormenta tropical y que se aproximaba hacia Monterrey, sin embargo el cielo aún se veía limpio la tarde en que salí de mi casa. 
En la mano llevaba mi Biblia y mi tableta. No llevaba paraguas ni impermeable porque así somos muchos hombres, desprevenidos y nada detallistas, aunque mi esposa ya me había advertido que la lluvia podía sorprenderme (doy gracias a Dios por la vida de mi esposa, por su nobleza y abnegación, por ser mi ayuda idónea). Bajé del autobús, y me dispuse a caminar aproximadamente dos kilómetros, porque el autobús me deja a esa distancia de la iglesia y ya no traía dinero para abordar un taxi. 
Todo iba bien en los primeros quinientos metros, de hecho varias veces voltee a ver el Cerro de la Silla, y solamente había unas cuantas nubes rondando por su cabeza. De pronto ocurrió algo inesperado, porque aunque ya sabíamos que llovería, no me imaginé que después de ver el cielo despejado y el Cerro de la Silla en todo su esplendor, repentinamente quedara todo cubierto de unas nubes furiosas y dispuestas a invadir toda la ciudad. 
En cuestión de segundos comenzó a caer una lluvia densa, que por momentos tomaba una fuerza brutal. Comencé a correr, y a unos pocos metros encontré un negocio con un pequeño techo de lona bajo el cual pude resguardarme de la tormenta. Bajo ese pequeño techo observaba a la gente pasar en sus coches, y algunos otros que pasaban a pie corrían rápido para mojarse lo menos posible. 
La lluvia azotaba de pronto, manipulada por el viento, los truenos se hacían respetar y en momentos no era suficiente el sutil refugio que había encontrado. Oraba a Dios mientras vivía el momento, convencido de que él detendría la lluvia si a él le placía, sabiendo de antemano que él podía ayudarme, aunque en ese momento yo desconocía absolutamente lo que Dios estaba planeando hacer conmigo. 
Pasaban los minutos y conforme la lluvia se iba volviendo más intensa yo continuaba orando sin detenerme. Sabia que Dios iba a hacer algo pero no imaginaba qué. De pronto escuché que golpearon varias veces la vitrina del negocio donde estaba yo parado, y al voltear, una señorita me indicó con la mano que pasara a las instalaciones, entonces entré. 
Cuando abrí la puerta, aquella señorita comenzó decirme amablemente que si quería podía estar ahí dentro para que no me siguiera mojando, pues la lluvia de todos modos llegaba al lugar donde me había refugiado. Me mostré agradecido con ella y di gracias a Dios en voz alta, porque estaba convencido de aquello venía de él. 
Había también una señora como de unos 60 años que había realizado unas compras en el expendio, la miré y me sonreí, y comenzamos a hablar de la lluvia, que si estaba muy fuerte, que si se vino de pronto, mientras que la señorita de tras del despacho me tendió su mano para darme una bolsa para que guardara mi Biblia y mi tableta electrónica y así no se me mojaran. 
Aproveché el tema de la lluvia para hablar de la oración que había hecho a Dios, y que Dios me había respondido a través de la señorita cuando ella había tocado con un toc-toc-toc la vitrina que daba hacia la calle para pedirme a señas que entrara, y cuando me había regalado la bolsa para que yo protegiera las dos herramientas que llevaba en mi mano, y que son muy importantes para el ejercicio de mi ministerio, pues no quise quedarme sin dar testimonio de lo que Dios había hecho aquella tarde, y mientras yo hablaba el Señor siguió respondiendo a mis oraciones, pues la lluvia se calmó en ese instante, y estoy seguro que es furiosa lluvia pudo haber durado toda la noche, pero yo sabía que Dios reina por sobre todas las cosas, y que las tormentas le obedecen. 
Me despedí de aquellas dos mujeres deseándoles la bendición de Dios, y salí corriendo de aquel lugar, emocionado por lo que había ocurrido, dando saltos largos en las encharcaciones de la calle, mirando hacia el cielo y alabando a Dios, contemplando un enorme círculo celeste rodeado por nubes grises cargadas de agua que posaba encima de aquella zona de la ciudad, como si Dios hubiera abierto los cielos con sus manos.
Seguí mi camino hacia la iglesia, alborozado y gozoso por tener un Dios que nos ama, un Dios todopoderoso, que siendo el Rey de Reyes y creador del universo vive con nosotros y en nosotros, y aunque no lo merecemos, sólo por su gracia, Él siempre cuida de sus hijos. 



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viernes, 22 de noviembre de 2013

Así nació Viviendo de Ti





Nací en Monterrey Nuevo León México. Me inicié en la música a los catorce años de edad aprendiendo a tocar la guitarra con los amigos del barrio. A los dieciséis años, influenciado por mis amigos guitarristas comencé a escribir canciones de amor. En el segundo año del bachillerato a los diecisiete años empecé a interesarme más por la composición de canciones y me hice la costumbre de escuchar temas y averiguar los autores de dichos temas. 
Entre los autores que admiraba estaba el compositor tamaulipeco Miguel Mendoza, autor de éxitos del grupo tejano Intocable, a quien conocí por medio de un amigo que había hecho una audición y fue escogido para un proyecto de don Miguel Mendoza, que en aquél año estaba incursionando en el campo de la producción en la industria musical. Durante dos años convivimos seguido con el señor Miguel Mendoza, y gracias a su sencillez recibí muy buenos consejos de su parte, que me ayudaron mucho en mi andar como compositor. Creo que Dios lo puso en mi camino para que yo no me alejara de la música y conociera el mejor camino para escribir una buena canción. No volví a saber de él hasta nueve años después. 
A los veinte años ingresé a la Facultad de Música de la Universidad Autónoma de Nuevo León para cursar una carrera corta de tres años en piano, donde aprendí a escribir música en papel, y donde también leí un poco acerca de la vida de los grandes compositores y escudriñé también un poco de su música. Sin embargo, lo mejor que me sucedió en esta escuela fue conocer al Señor Jesucristo. Fue una tarde de octubre cuando salía de la escuela, luego de abordar un camión de pasajeros donde dos jóvenes con Biblia en mano se propusieron a compartir contundentemente el mensaje de salvación. 
A los veintidós años escribí, luego de haber hecho ya un buen número de canciones de amor, mi primer canto cristiano que lleva por título "Úsame Señor" inspirado en mi padre Santiago Torres, quien entonces aún no era salvo. 
A los veintitrés años contraje matrimonio con Eunice Muñoz, mi amada esposa con quien felizmente comparto mi ministerio. Desde ese año, juntando algunas 10 canciones con temática reflexiva cristiana, sentí en mi corazón el deseo de hacer una producción musical para Dios, pero no había entendido aún que eso solo era posible si creía que Dios era quien iba a suplir totalmente de lo necesario para llevar a cabo semejante proyecto. Junté alguna cantidad fuerte de dinero, pero la necesidad de hacer unos gastos importantes en el hogar acabó fácilmente con aquella intención. 
Me seguí nutriendo de música y aprendí por vez primera que a Dios se le puede alabar por medio de ella, entonces cambió el giro de mis composiciones, ahora el eje central de los cantos era la alabanza a Dios, y logré juntar unos veinte temas de alabanza, que permanecieron guardados hasta el 2009, año en que conocí al hermano Edgar Patiño, quien me contactó para solicitarme unas canciones pues yo había puesto un anuncio en la Internet, mismo que Dios usó para que conociera a este hermano en Cristo, temeroso de Dios y dedicado a proclamar el evangelio junto con su preciosa familia en un ministerio llamado "Familias para el cielo". 
Yo había estado orando a Dios, ya no por una producción musical, sino para que grabaran mis temas, pues yo quería que sirvieran a Dios de algún modo y no estuvieran empolvándose más en el escritorio donde no edificaban a nadie. Entonces Dios puso en el corazón del hermano Edgar Patiño patrocinarme una producción musical a cambio de las canciones que yo le proporcionara, sin embargo ahora gozamos de una preciosa amistad en el Señor que Dios ha fortalecido continuamente. 
Y ahora en este año 2012 Dios nos ha concedido a mi familia y a mi, ver esta maravilla que Dios hizo en nuestra vida, esta producción de alabanza, adoración y esperanza que lleva por nombre "Viviendo de ti". Hemos aprendido en el caminar de nuestra vida que no debemos poner toda nuestra confianza en ninguna empresa discográfica, ni en ninguna persona en particular, sino sólo en Dios, pues es Dios quien usa a las instituciones y a las personas. De el depende todo. Aprendimos también que Dios nunca nos concederá nada hasta que comprendamos que dependemos de él totalmente y de nadie más. Toda la gloria sea para Dios. 



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viernes, 13 de septiembre de 2013

Dios usó tres cantos para confirmar mi llamamiento.

Mientras iba en el camión rumbo a casa, preguntándome lo que había sido de mi vida los últimos años, escuchaba el canto "A mi manera" (el de Res-Q Band, y no la canción popular), el cual me hizo reflexionar y darme cuenta que estaba haciendo las cosas mal. Luego de escucharlo con la cara llena de lágrimas por el gozo de sentir que Dios me estaba hablando, decidí dejar las cosas en Sus manos y le pedí que tomara toda mi vida para su honra y su gloria.
     Cuando llegué a casa, mi vecino don Clemente, me preguntó sinceramente que cómo estaba yo, pues me veía algo cansado. Le expliqué que estaba consternado, por sentir que no estaba en el lugar correcto, en donde mi corazón anhelaba estar, es decir, sirviendo a Dios de tiempo completo. Él me dijo que me animaba a tomar una decisión, que no me detuviera por lo económico, que a fin de cuentas iba a llegar el día en que volteara hacia atrás y me diera cuenta que no estaba siendo del todo feliz por no haber tenido el valor de hacer lo que hubiera querido hacer toda mi vida. En seguida me platicó de una persona que él había conocido en su juventud, que por años vivió en la drogadicción hasta que Cristo lo alcanzó y después que decidió entregar su vida en servicio a Dios hasta la fecha se encuentra al frente de una iglesia como pastor. Yo estaba sorprendido que alguien que sin conocer la Palabra de Dios me hablara en esos términos. Y no pude ver aquella conversación sino como un instrumento más, de Dios, para llamarme.
     Cuando entré a mi casa, lo primero que hice fue preguntarle a mi esposa que si estaba dispuesta a apoyarme en el caso de que Dios me confirmara el llamamiento que, años atrás, había comenzado a incendiar mi corazón, a lo que respondió que aunque yo ya conocía la respuesta, ella quería que yo supiera que estaba dispuesta a seguirme a donde sea que Dios me enviara. Entonces la abracé.
     Cuando nos fuimos a dormir, no percibimos que Cosette,  una de nuestras niñas, ambas entonces a punto de cumplir dos años de edad, le había comenzado una infección en la garganta. Como a la 1:00 de la madrugada, me desperté porque escuché que me estaba llamando, y decía llorando papá, papá, como pidiendo mi ayuda. Lo sorprendente de esto es que ella muy pocas veces me había dicho papá, pues casi no sabía hablar, sin embargo esa noche ella estaba solicitando mi ayuda con mucha claridad. Me levanté casi corriendo para verla y cuando la toqué me di cuenta que estaba ardiendo en fiebre. La tomé en mis brazos para llevarla a la sala y comenzar a atenderla, pero, cuando llegué a la sala, ella empezó a convulsionar. Yo oraba en voz alta y le pedía a mi Señor Jesucristo que la ayudara, que no se nos fuera. En un instante vino a mi mente la imagen de la regadera, entonces, de inmediato, mi esposa y yo la metimos al baño para bajarle la fiebre. Abrí la llave de la ducha y ella la cargó en sus brazos para mojarla, rogando que dejara de convulsionar. Le dije a mi esposa que me la diera para que yo pudiera seguir con mi hija en la regadera, mientras ella buscaba el medicamento para la fiebre. Entonces Cosette dejó de convulsionar. Seguí orando y diciéndole a Dios que mi vida era de Él, que estaba dispuesto a ir a donde Él me lo pidiera, que ya no iba a vacilar, y que, a partir de ese momento, sin más cobardía iba a empezar mi vida de lleno en el ministerio. 
     Debo aclarar que yo no vi aquello como una amenaza Divina, ni como un reproche de parte de Dios, sino más bien, como una lección, en la que aprendí que mi vida y la de mi familia siempre estarán en Sus manos, y que, por lo tanto, debía dejar ya la arrogancia de pensar que mi familia dependía totalmente de mí. Que yo soy un instrumento de Dios para dirigir y cuidar a mi familia, y que aunque eso no me exime de mi responsabilidad sobre ellos, tampoco debía sentirme indispensable, pues es Dios quien los sustenta y los cuida, y Él se encargaría completamente de nosotros si tan solo me atrevía a seguir el llamado que para ese momento era mucho más claro que el agua.
     Gracias a Dios, mi hija Cosette no sufrió estragos posteriores, ella se encuentra de maravilla. Aquél episodio fue usado por Dios para que ya no continuara escondiéndome y vacilando a cerca de mi llamamiento; por eso cuando alguien me pregunta sobre mi llamado, como intentando desmentir mi convicción, sin conseguir su cometido, por supuesto, yo aseguro con todo mi corazón que mi Dios me ha llamado contundentemente al ministerio pastoral.

http://youtu.be/VNI6a1lMNh4



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sábado, 27 de julio de 2013

Historia de cómo nació el libro Los Hijos de Dios.



Ya estamos avanzando en la corrección del libro Los Hijos de Dios. La verdad pasó algo muy interesante que me gustaría contar. Esa novela la escribí hace cuatro años. Algunos fragmentos los saqué de hojas de máquina borroneadas que había guardado para cuando se ofreciera, eran breves episodios aislados que guardaba con la esperanza de que algún día se convirtieran en un libro acerca de mi experiencia en las pandillas, que por años había deseado escribir. Un  día se me ocurrió buscar en la red algún concurso de literatura cristiana y di con el llamado Premio Grupo Nelson de Literatura de Ficción cuya convocatoria aún estaba abierta. Por aquél tiempo yo había perdido mi trabajo y aproveché todo el tiempo libre posible para reunir las notas y los episodios aislados que tenía guardados en cuadernos, posits, agendas, y hasta en el interior de algunos de mis libros favoritos. Logré integrar las ideas, incluso los textos tal como los había escrito sólo que con algunas correcciones que realicé más por el gusto de componer frases y el deleite de embellecer los textos que por la necesidad de renovarlos. Lo hice todo en hojas de máquina utilizando una máquina de escribir que me fue muy útil por algunos años y que había adquirido en un bazar por la módica cantidad de cien pesos. Lo que sigue a continuación es algo que no lo puedo explicar a ciencia cierta, la verdad no recuerdo que fue lo que sucedió con exactitud, el caso es que las hojas de máquina que llevaba escritas las llevaba siempre conmigo dentro de un legajo color café, y este mismo dentro de una carpeta dónde llevaba otros escritos y algunas canciones en ciernes. Ese día llegué a mi casa y me di cuenta que el legajo café ya no estaba dentro de la carpeta, probablemente se me cayó en el camino y no me percaté, o quizás lo saqué en algún lugar público para trabajar en la corrección de los textos como acostumbro hacerlo y olvidé volverlo a guardar. Me dolió mucho en realidad, porque eso significaba que todo el tiempo que había empleado en pasar los textos en limpio se había ido a la basura. Solamente quedaban tres meses para que cerrara la convocatoria, entonces me senté enfrente de la computadora de dos a cuatro horas diarias y comencé a escribir la historia de Los Hijos de Dios, esforzando mi mente y evocando recuerdo que me sirvieran de inspiración para construir la noveleta. Hice algunos sacrificios en particular, me levantaba muy temprano antes de irme al trabajo de medio tiempo que había conseguido y le dedicaba una hora al texto. Cuando volvía a casa por la tarde me sentaba nuevamente durante dos o tres horas más frente al ordenador. Cabe mencionar que la novela incluye un personaje inspirado en mi esposa Loyda Eunice Muñoz Gaona, llamado Loyda Loredo, quien vive un bello romance con el protagonista de la historia Lauro Zavala (obviamente, personaje inspirado en mi propia persona). La verdad fue una experiencia muy hermosa, es más aquí les paso un párrafo de los romances de Lauro Zavala y Loyda Loredo:

     "Recordaba el rostro de la mujer que amó en la primavera de su existencia. Una mujercita bella, de baja estatura y cara ovalada.
     Una tarde fue a buscarla. Tocó la puerta tres veces. Salió. Se dibujó en el rostro de ella un encanto que hacía juego con su sonrisa. Lauro le entregó una flor del campo.
—no sé que decirte Lauro…
Pasaron una hora charlando y riendo, y Lauro le platicó de la ocasión que hurtó la Biblia del campanario, para conocer más de Dios y acercarse más a ella."

Si quieren seguir leyendo compren la novela cuando la imprima jejeje.
     La verdad es que esta novela no fue el "santo de su devoción" del jurado que presidió el premio, sin embargo ya tenía en mis manos el libro que había querido escribir durante años.
     En el 2011 una editorial abrió una nueva convocatoria llamada Premio Relato Cristiano. Me entusiasmó mucho la idea de participar pero aún no sabía si escribiría un nuevo relato o me daría a la tarea de reducir Los Hijos de Dios al máximo número de palabras que exigía el PRC (Premio Relato Cristiano) que eran quince mil, es decir, de un texto de cincuenta y tres mil palabras tendría que hacer un breve relato de quince mil, dura tarea, pero gracias a Dios que mi esposa siempre está dispuesta a ayudarme y a seguirme a dondequiera que vaya, y es verdad, soy un privilegiado, pues mi esposa me ayudó y se desveló junto conmigo, pues para entonces ya tenía un trabajo de tiempo completo, muy absorbente por cierto. Mientras mi esposa cocinaba yo le leía párrafos enteros y le preguntaba si se escuchaba mejor esta o aquella palabra, una u otra frase, y así fuimos juntos eliminando el superfluo y dejando solamente lo esencial de la historia.
     Faltando algunos días para cerrar la convocatoria del PRC y visitando el sitio web de la editorial me di cuenta de que algunos de los finalistas del Premio Grupo Nelson como Nuria Gómez Arnaiz y mi ahora amigo  Gusmar Sosa , quien por cierto estuvo dentro de los ganadores del PRC, estaban participando en el concurso y empecé a perder las esperanzas de estar dentro de los cinco relatos galardonados, pues incluso participaba, también mi ahora amigo, Cherwin Joseph Guerrero Melo de quien supe que era ya un autor con algunos libros escritos y un doctor del Uruguay quien había ganado el Premio Grupo Nelson 2008 al lado del Pastor Iván C. Rodelo autor de la novela Mi abuelo explicaba muy bien a los pájaros.

     Platicando con mi esposa ambos definimos una postura como lo hacemos con las cosas que definen el rumbo de nuestro hogar, que fue la siguiente: ya habíamos logrado mucho juntos con tener en nuestras manos un libro ya corregido, narrado como dice mi amigo Roberto Molinares, por escenas como si fuera una película, depurada de ripios y episodios de relleno, conservando sólo lo emocionante de la historia, con mucha fluidez rítmica y muy digerible en cuanto a su mensaje y redacción. De hecho fue mi hermano Roberto Molinares quien me hizo recordar que ese texto de quince mil palabras existía, pues es quizás uno de los dos o tres junto a Gusmar Sosa, que se ha tomado la molestia de leer la novela completa. Y la verdad es que sí ha sido un logro importante junto a mi esposa Eunice Muñoz, mismo que vamos a aprovechar para que partiendo de ese texto corregido de quince mil palabras y no como lo había estado haciendo, trabajando el texto de cincuenta y tres mil palabras lleno de errores y con falta de unidad entre párrafo y párrafo, le demos forma y edición al libro que deseamos ver ya impreso frente a nosotros. Muchas gracias esposa amada por todo tu apoyo, muchas gracias amigos por sus palabras de aliento y sobretodo muchas gracias a Dios por permitirme estar cada vez más cerca de ese sueño, ya no de ser publicado, francamente no me interesa, sino de tener en mis manos impreso ese libro que alaba y proclama el nombre de nuestro Señor Jesucristo en cada página escrita.



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miércoles, 19 de junio de 2013

Algunos testimonios del disco Viviendo de Ti.



 El día de hoy me saludó un hombre de unos sesenta y tantos con mucho entusiasmo, iba con su nieto pues había ido a recogerlo a la escuela primaria. Me preguntó que cuándo grababa otro disco, que el que había comprado le gustó mucho y que se lo regaló a unos hermanos de una comunidad rural quienes también lo están disfrutando mucho según su testimonio.
     Es de mucho aliento cuando alguien te reconoce andando en algún lugar y te dice "Hermano, sus cantos son de mucha bendición aquí los traigo en el celular" o "Mi niño escucha tu disco a cada rato, te admira mucho. Él no puede caminar, se arrastra por el piso hasta donde está la grabadora y solito lo pone" o también "Mi primito es invidente, dice mi tía que todos los días le pide que le ponga tu disco, yo le dije a mi primito que te conocía y que eres mi amigo y él no podía creerlo".
     Francamente estos resultados de la producción Viviendo de Ti son gigantescos, es más de lo que esperaba, Dios es más de lo que esperamos y podemos imaginar. Les pido sus oraciones por nuestro segundo disco cuyas canciones ya están nuestras manos, mas necesitamos su apoyo en oración para que Dios haga nuevamente algo maravilloso con nuestro ministerio musical.

     Hasta pronto.



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