lunes, 3 de junio de 2019
La Fe que se Humilla ante Dios
jueves, 30 de mayo de 2019
Frutos Dignos de Arrepentimiento
lunes, 27 de mayo de 2019
La Verdadera Identidad del Cristiano
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miércoles, 15 de mayo de 2019
Éfeso y el Primer Amor / Serie: Lo que el Espíritu dice a las iglesias 1 / 7
Hablemos de la primera cualidad: Una iglesia que trabaja arduamente
Como ejemplo podemos pensar en el pueblo de Israel, que servía a Dios con multitud de sacrificios, pero ellos habían dejado lo mejor de la ley, que es la expresión del corazón de Dios: el amor y la misericordia (Isaías 1:17) “¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos” (Isaías 1:11).
Es bueno honrar a Dios, pero no lo es honrarlo con los labios y sin el corazón.
El Servicio Genuino es un fruto de la comunión
No es bueno que confundamos nuestro servicio en la iglesia con nuestra comunión con Dios. Recordemos el caso de Marta y María; cuando el Señor Jesús le dijo a Marta: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (Lucas 10:41-42). Marta escogió trabajar arduamente y se olvidó de su primer amor, pero María eligió estar en la presencia del Señor, un tesoro en sí mismo que una vez que lo encuentras vendes todo lo que tienes, inviertes en él, y nunca vuelves a ver nada más grande y precioso que él.
Así que el arduo trabajo no sustituye nuestra comunión con Dios y el servicio genuino a Dios es un fruto de ella.
Las Primeras Obras o las Primicias de las Obras
Por lo tanto, continuemos trabajando arduamente para el Señor como lo hacía la iglesia de Éfeso, pero no nos olvidemos de detenernos por largo tiempo cada vez para estar con el Señor como lo hizo María, porque estas son las primeras obras, las mas importantes:
Nuestra comunión con Dios y nuestro arrepentimiento por nuestros pecados delante de Dios (Apoc. 2:5), porque estas son las primicias de las obras que Dios hará por medio de nosotros.
Edifiquemos nuestro servicio para Dios en una comunión íntima con el Señor Jesucristo, en confesión de pecado a Dios y en arrepentimiento continuo; obedeciendo en todo a la voz del Espíritu Santo que nos habla a través de su preciosa Palabra, porque esta es la mejor parte, y si la escogemos por encima de todo, no nos será quitada jamás.
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martes, 28 de junio de 2016
Bienaventurados los que obedecen a Dios
El mayor ejemplo de humildad y obediencia que podemos encontrar en la Biblia, es el del mismo Señor Jesucristo, sometiéndose al acto del bautismo; el cual no requería realizar, porque además de ser el Rey de Reyes y Señor de Señores, nunca cometió pecado, y por lo tanto no tenía nada de qué arrepentirse. Sin embargo, decía de él la profecía, que iba a ser contado entre los pecadores (Isaías 53:12), y lo que sucedió después de su bautismo, es considerado como el evento mismo de su unción como el Rey Santo de Israel, uno escogido de su pueblo, ungido con el Espíritu Santo (Salmo 89:20).
Entonces, el Hijo de Dios, quien había venido al mundo en forma de hombre, necesitaba ser ungido por su Padre, porque su Padre así lo dispuso (Salmos 132:17-18). Notemos que fue después de realizar dicho acto de obediencia, que su Padre Celestial manifestó públicamente, expresando de su viva voz la aprobación que tenía por su amado hijo: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia" (Mateo 3:16-17), ungiéndolo delante de los hombres como el Rey que fue prometido en las profecías, aunque desde la eternidad, ya lo era (Colosenses 1:16-17).
Cabe mencionar que las palabras que Dios pronunció sobre el río Jordán, no hacían referencia al acto del bautismo en sí, sino completamente al hecho eterno de ser su Hijo Unigénito, y de su unción como Rey de Israel, Jesucristo, en cuya naturaleza divina radica la obediencia perfecta.
Hablemos entonces de la obediencia perfecta de Jesús, y decimos perfecta por ser el mayor ejemplo de humildad y obediencia que podemos encontrar en la Palabra de Dios, y por mostrarse obediente al Padre en todo momento; aún desde niño cuando pronunció las grandiosas palabras "¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?" (Lucas 2:49), y hasta que fue llevado a realizar el más importante sacrificio de todos los siglos, cuyo propósito radica en haber pagado el precio por nuestros pecados, para que pudiéramos ser aceptos delante de Dios, sólo por haber depositado toda nuestra confianza en él, quien "haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz"; derramó su preciosa sangre muriendo en una cruz, sacrificio mismo que es suficiente para salvar nuestra vida y nuestra alma de la muerte que merecíamos por nuestro pecado, tomando así nuestro lugar; y transformándonos en sus hijos amados (Juan 1:12), con el mismo poder con el que Dios Padre resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, y levantándonos a nosotros también de la muerte por el pecado, sólo por gracia de Dios, por medio de la fe en el amado, que es Jesús (Efesios 2:8).
Después de ser bautizado, Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, donde ocurrieron cosas que quizás cualquiera de nosotros no hubiera podido vencer como él lo hizo (Mateo 4:1-11). Sin embargo, podemos notar en la vida de Jesucristo una fórmula sencilla, pero a la vez difícil de llevar a cabo: la permanente comunión con el Padre Celestial. Por eso que que fue completamente Dios quien "comenzó en vosotros la buena obra" y quien asimismo "la perfeccionará hasta el día de Jesucristo" (Filipenses 1:6; Judas 24): , porque sólo él puede lograr en nosotros que perseveremos en la meditación de la Palabra de Dios y en oración, dos elementos que fueron los que dieron gran fortaleza al Señor para vencer ante las tentaciones que el diablo astutamente le presentó, usando con engaños pasajes de la Escritura; ante lo cual Jesús respondió, en cada tentación, "escrito está" y "escrito está también"usando bien la Palabra de Verdad, mostrando así, no sólo la sabiduría, sino también la autoridad y el poderío, que le habían sido entregados por su Padre.
Así que, hermanos, no tengamos temor de mostrarnos obedientes ante Dios, porque aunque ocurran cosas que no nos agradan y que nos hacen pensar que Dios nos ha abandonado, en realidad es porque está sucediendo todo lo contrario; pues las dificultades que vivimos, son una maravillosa oportunidad para que veamos como es que la gloria de Dios se manifiesta en nuestras vidas, porque cuando Dios es glorificado en nosotros, somos eternamente bienaventurados en medio de este mundo efímero, pero sólo si hay en nosotros ese sentir que hubo en Cristo cuando vino al mundo para salvarnos, humillándonos delante de él, pues dice su Palabra:
“y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:8)
¡Gloria al Rey de Reyes Jesucristo, el único que pudo haber logrado nuestra redención con su sacrificio hecho en la cruz; y el único que pudo haber sellado sus promesas eternas en nosotros a través de su resurrección y de su Santo Espíritu que nos fue otorgado; a él sea la gloria por los siglos. Amén!
lunes, 27 de junio de 2016
Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor
viernes, 24 de junio de 2016
¿Dios cambia de opinión?
Por Erik Torres
“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.” (Santiago 1:17)
Cuando Dios mandó a su Hijo Jesús a morir por nosotros ¿no sabía acaso que le fallaríamos alguna vez? Y si lo sabía, entonces ¿por qué, aún siendo así, Jesús entregó su vida por nosotros? La respuesta es sencilla de entender, aunque quizás difícil de aceptar. Me explicaré.
Hace unos días* nuestro hijo Gabriel nos hizo una pregunta* a mi esposa Eunice y a mí, que es la siguiente: “Si Dios sabía que el diablo sería malo (porque Dios lo sabe todo, aun lo que va a ocurrir en el futuro), entonces ¿por qué Dios no lo destruyó antes de que se volviera malo?” Yo en lo personal ¡creo que tiene razón al preguntarlo!
Y lo que le respondí fue lo siguiente: Dios fue quien nos hizo, y nos ama tal y como somos; y nos hizo con una particularidad maravillosa ¡nos dio la capacidad de elegir! Por lo cual, Dios nunca nos juzgará por algo que todavía no hemos hecho, por ejemplo, los niños van a la escuela porque quieren ser algo en la vida, médicos, ingenieros, arquitectos, etc., sin embargo también pudieran elegir ser algo malo, como ladrones, narcotraficantes, homicidas, etc. Y aquí es donde nos preguntamos: ¿Dios va a culpar a los niños por el mal que todavía no hacen? ¡por supuesto que no! Sino que Dios en su amor, dará la oportunidad a los niños de elegir lo que quieran ser, y claro que lo más importante será que elijan, no sólo lo bueno, sino lo mejor (Filipenses 1:9-11); además de que Dios a través de su Palabra nos ofrece la sabiduría necesaria para elegir lo mejor.
De la misma manera Dios nos ofrece su salvación, conociendo perfectamente que a quienes está dando este maravilloso regalo de la vida eterna, es a nosotros, seres humanos propensos a fallar, hombres y mujeres espiritualmente dispuestos a hacer el bien (hoy que hemos nacido de Dios), pero con la inclinación humana a hacer el mal (Romanos 7:21-23). Dios lo conoce todo, por eso podemos decir con toda certeza que Dios no cambia de opinión (Santiago1:17), que si Él nos ha dado la salvación no nos la va a quitar, porque como dice su Palabra, quienes realmente han nacido de nuevo lucharán implacablemente por hacer la voluntad de Dios (1 de Pedro 3:17), y de esta misma manera, dejarán de ser esclavos del pecado, y pasarán a ser servidores bajo el señorío absoluto y eterno de Jesucristo, el Hijo Unigénito de Dios (Romanos 6:17-18), quien al igual que su Padre Celestial, nunca cambiará de parecer respecto a lo que ha prometido (Hebreos 6:13-20), la salvación eterna de nuestra alma.
*Este pequeño artículo lo escribí a manera de reflexión, en un boletín de nuestra iglesia hace aprox. tres años.
*Lo que presento aquí es una paráfrasis de la pregunta que hizo mi hijo Gabriel, cuando tenía 7 años de edad.
jueves, 16 de junio de 2016
Salvos Por Gracia
“Maestro ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?” (Mateo 22:36).
“pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.” (Gálatas 2:21).
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” (Mateo 22:37-40)
“Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu.” (1 Juan 4:12-13).
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Efesios 2:4-9)
















